Desde Hipócrates hasta nuestros días, la tecnología y el humanismo en la atención médica

Desde Hipócrates hasta nuestros días, la tecnología y el humanismo en la atención médica

Hace unos días recibíamos la noticia que con un dron se había llevado medicamentos a alta mar para tripulantes de un barco que lo necesitaban. Fue la primera vez en nuestro país, y seguramente no será la última. De hecho los drones se usan en otros países para uso sanitario transportando desde medicamentos hasta Desfibriladores en lugares remotos de asistencia para llegar más rápido,  por ejemplo.

La atención médico sanitaria ha tenido grandes modificaciones a lo largo de toda la historia. Acompañando el concepto y percepción de la salud, los actores sanitarios, el comportamiento de los pacientes, la tecnología y la organización sanitaria, pueden trazar líneas de tiempo paralelas y hacer coincidir cada uno de esos puntos.

Alguno de los desencadenantes de estas modificaciones han sido los cambios tecnológicos, y estamos asistiendo a una época altamente desafiante.

La atención medico sanitaria la podemos describir como un ecosistema cuyos protagonistas son las organizaciones prestadoras de salud, los organismos reguladores, los trabajadores médicos y no médicos, los pacientes y sus familiares y la comunidad toda. En cada una de esas dimensiones, a nivel global y en nuestro país en particular, han existido cambios que hacen que la práctica médica hoy no sea ni siquiera como veinte años atrás.

Ejemplo de esto son el aumento de conocimiento, relacionado con el mayor disponibilidad de información técnica, de las distintas enfermedades y las intervenciones a realizar en las mismas, mayor accesibilidad de la información que no incluye solo a los técnicos sino también a la población en general. La tecnología de apoyo a la asistencia, los estudios paraclínicos más certeros y ajustados, el acceso a estudios que antes se hacían excepcionalmente por disponibilidad o por economía, la existencia de nuevos, que facilitan el diagnóstico y la propuesta terapéutica. La historia clínica electrónica, las aplicaciones móviles para pacientes, etc.

Estamos en un momento en que la seguridad del paciente y la confianza en los diagnósticos, debería estar en su máxima expresión, así como la conformidad de las personas con la asistencia recibida.

Sin embargo, con la disponibilidad de todas estas herramientas para facilitar la práctica médica, y el acceso de los pacientes a la tecnología, adecuado tratamiento y gestión de su enfermedad, ha crecido la desconformidad con la atención recibida por parte de los pacientes o sus familias, la desconfianza del paciente, su familia y la comunidad en los actores sanitarios. Este fenómeno es global, y nuestro país no es ajeno a la existencia de estos problemas.

El análisis causal puede tener varias aristas, y en esta columna voy a proponer una de ellas, se trata del desafío de la práctica del  humanismo en la asistencia médica, en esta era súper tecnológica.

La percepción de la perdida de salud, o la propia pérdida, es un hecho profundamente humano, de complejos procesos internos para su comprensión y aceptación en la persona que lo padece, y pone al paciente en una posición de gran vulnerabilidad. La información disponible en este caso puede llegar a ser contraproducente por la dificultad en interpretarla adecuadamente al no tener las herramientas técnicas para ello. Hay quienes dicen con razón que la consulta médica ya es una segunda opinión desde un principio porque primero se consultó en Google.

En definitiva, el paciente de hoy, tiene la misma necesidad afectiva que el de muchos siglos atrás, más allá de los medios que se hayan para su atención.

Por tanto, el enorme desafío que tiene hoy el que trabaja en la atención sanitaria, y el médico en particular aunque no exclusivamente, es el tener una práctica personalizada, de uno a uno, practicando la empatía. Este deber está especialmente asignado a quien esté a cargo de la institución de salud, quien debe ser el primero que facilite las instancias para que pueda practicarse la medicina de esta manera. El liderazgo en la práctica de la medicina humanística es irrevocablemente del que hace cabeza en la organización.

El humanismo, en el sentido amplio, significa valorar al ser humano y la condición humana. En este sentido, está relacionado con la generosidad, la compasión y la preocupación por la valoración de los atributos y las relaciones humanas.

Frecuentemente se confunden los términos humanismo y humanitarismo. Este último nace en Europa en el siglo XVIII, con el fin de mejorar las condiciones de vida de las personas más necesitadas, poniendo especial énfasis en el mundo laboral y penitenciario. Se debe entender al humanitarismo como una actividad o doctrina encaminada a proteger a los miembros más desvalidos de la sociedad, yendo para ello, si así hace falta, más allá de lo estrictamente debido. El humanismo, va más allá y debe englobar al humanitarismo en su fundamentación.

La práctica de la medicina humanista nos brinda el encuentro con la dimensión ética de nuestro trabajo. El humanismo y la bioética invitan a reflexionar sobre las realidades ontológicas, del ser, de la persona. La valoración de la dignidad de la persona obliga a analizar los principios de la bioética. Existe indudablemente un humanismo metafísico, que no es otra cosa que la antropología al servicio de la bioética.
Debemos y podemos hacer el esfuerzo de intentarlo. Existe una vertiente del enfermar no tangible, que necesita no sólo de ciencia, sino de otras disciplinas. Debemos responder con mucha frecuencia a las preguntas últimas del hombre, y esto nos obliga a tener pensadas muchas de ellas. El humanismo ayuda a acrecentar la capacidad crítica de análisis y a desarrollar el sentido del razonamiento lógico con respecto a la conducta humana. Nos acerca a los demás. El filósofo Fernando Savater nos dice: “nadie llega a convertirse en humano si está solo; nos hacemos humanos los unos a los otros”.

Puede parecer que esto hace que nos alejemos de la vertiente técnica de nuestro trabajo, pero decía Einstein que todo verdadero investigador es una especie de metafísico oculto, por muy positivista que se crea.

Por tanto la tecnología debe ser una compañera de camino del ejercicio médico pero no sustituir la esencia del ejercicio que una vez nos motivó a seguir esta carrera. Estoy segura que una de las principales motivaciones de estudiar medicina en todos los colegas es el servicio y ayudar al otro, en un momento especial de su vida como es la enfermedad, o a mantener su salud, un bien tan preciado para todos.

Defender este aspecto de la práctica también debe ser un compromiso de todos los actores de este ecosistema de la prestación sanitaria. De la comunidad, de los pacientes, de los que trabajan en las instituciones, y de los gestores de las mismas.

Facilitar la práctica de la asistencia humanitaria tiene que ser parte del compromiso de quienes gestionan. Desde la organización de la agenda médica, la promoción en la formación de las hoy conocidas como habilidades blandas, por ejemplo la comunicación, la formación en la ética, la promoción de evaluaciones de calidad integrando la calidad humana entre los aspectos a evaluar. Facilitar el entorno físico para un trato discreto, privado y respetuoso de la intimidad afectiva del paciente o de su familia. Liderar la empatía y la calidez.

Los pacientes y sus familias deben ser custodios especialmente de este aspecto, y ser protagonistas en su promoción, planteando las dificultades que se vean para este ejercicio con propósito de ayudar a la institución a mejorar.

Es necesario que esta modalidad de trabajo centrada en la persona como tal, y no solo como paciente, sea transversal la organización y a todos los actores de la misma. Desde la tarea administrativa hasta la de altísima complejidad médica, debe ejercerse la empatía, y la disposición a ayudar. La sonrisa y la disponibilidad amable y sistémica deben ser un sello en cada organización de salud.

Este tema debería ser de agenda pública y no restringida a las organizaciones sanitarias. La comunidad, los medios y la sociedad de la información, los actores y referentes sociales, son protagonistas.

Porque, como decía Hipócrates, dondequiera que el arte de la medicina es amado, también hay un amor a la humanidad.

*Por Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.

Esta columna fue el disparador para que la Dra. Hackembruch haya sido entrevistada por espectador.com; para escuchar la entrevista completa, hacer [click aquí].

También fue entrevistada por la Asociación Médica Argentina. Para escuchar la entrevista completa, hacer [click aquí].