Tecnología y salud: una nueva oportunidad de negocio

Tecnología y salud: una nueva oportunidad de negocio

El Observador publicó recientemente en la sección Economía y Empresas un informe realizado por la periodista Victoria Mujica, denominado “Tecnología y salud: una nueva oportunidad de negocio”. El mismo cuenta la incorporación de aplicaciones, video consultas y otras herramientas que bajan costos y permiten acercarse al usuario del sistema sanitario nacional.

En ese marco, consultaron a Cecilia Hackembruch –directora de ISALUD-; acerca de la “humanización de la medicina”.  Ella explicó que la institución educativa forma profesionales médicos y no médicos en las áreas de gestión de salud, desde una perspectiva transversal “no solamente en el gerenciamiento, sino en habilidades blandas que son las que hoy se necesitan más”.

Según Hackembruch, para que el paciente se vea contenido, debe haber una “ética funcional”. “Si no se facilitan elementos para que el médico tenga otra relación, desde el tiempo de consulta, lo edilicio, lo burocrático, no funciona. Hay cosas sencillas pero son importantes para que el paciente tenga lo que se necesita”. Además, reafirmó el concepto de que el paciente requiere información. “El paciente de hoy es informado pero con un sesgo. Lo que necesita es tener herramientas fiables para conocer qué es lo que tiene y eso determina el tratamiento”, explicó.

 

Para ver el informe completo, hacer [click aquí].

 

Desde Hipócrates hasta nuestros días, la tecnología y el humanismo en la atención médica

Desde Hipócrates hasta nuestros días, la tecnología y el humanismo en la atención médica

Hace unos días recibíamos la noticia que con un dron se había llevado medicamentos a alta mar para tripulantes de un barco que lo necesitaban. Fue la primera vez en nuestro país, y seguramente no será la última. De hecho los drones se usan en otros países para uso sanitario transportando desde medicamentos hasta Desfibriladores en lugares remotos de asistencia para llegar más rápido,  por ejemplo.

La atención médico sanitaria ha tenido grandes modificaciones a lo largo de toda la historia. Acompañando el concepto y percepción de la salud, los actores sanitarios, el comportamiento de los pacientes, la tecnología y la organización sanitaria, pueden trazar líneas de tiempo paralelas y hacer coincidir cada uno de esos puntos.

Alguno de los desencadenantes de estas modificaciones han sido los cambios tecnológicos, y estamos asistiendo a una época altamente desafiante.

La atención medico sanitaria la podemos describir como un ecosistema cuyos protagonistas son las organizaciones prestadoras de salud, los organismos reguladores, los trabajadores médicos y no médicos, los pacientes y sus familiares y la comunidad toda. En cada una de esas dimensiones, a nivel global y en nuestro país en particular, han existido cambios que hacen que la práctica médica hoy no sea ni siquiera como veinte años atrás.

Ejemplo de esto son el aumento de conocimiento, relacionado con el mayor disponibilidad de información técnica, de las distintas enfermedades y las intervenciones a realizar en las mismas, mayor accesibilidad de la información que no incluye solo a los técnicos sino también a la población en general. La tecnología de apoyo a la asistencia, los estudios paraclínicos más certeros y ajustados, el acceso a estudios que antes se hacían excepcionalmente por disponibilidad o por economía, la existencia de nuevos, que facilitan el diagnóstico y la propuesta terapéutica. La historia clínica electrónica, las aplicaciones móviles para pacientes, etc.

Estamos en un momento en que la seguridad del paciente y la confianza en los diagnósticos, debería estar en su máxima expresión, así como la conformidad de las personas con la asistencia recibida.

Sin embargo, con la disponibilidad de todas estas herramientas para facilitar la práctica médica, y el acceso de los pacientes a la tecnología, adecuado tratamiento y gestión de su enfermedad, ha crecido la desconformidad con la atención recibida por parte de los pacientes o sus familias, la desconfianza del paciente, su familia y la comunidad en los actores sanitarios. Este fenómeno es global, y nuestro país no es ajeno a la existencia de estos problemas.

El análisis causal puede tener varias aristas, y en esta columna voy a proponer una de ellas, se trata del desafío de la práctica del  humanismo en la asistencia médica, en esta era súper tecnológica.

La percepción de la perdida de salud, o la propia pérdida, es un hecho profundamente humano, de complejos procesos internos para su comprensión y aceptación en la persona que lo padece, y pone al paciente en una posición de gran vulnerabilidad. La información disponible en este caso puede llegar a ser contraproducente por la dificultad en interpretarla adecuadamente al no tener las herramientas técnicas para ello. Hay quienes dicen con razón que la consulta médica ya es una segunda opinión desde un principio porque primero se consultó en Google.

En definitiva, el paciente de hoy, tiene la misma necesidad afectiva que el de muchos siglos atrás, más allá de los medios que se hayan para su atención.

Por tanto, el enorme desafío que tiene hoy el que trabaja en la atención sanitaria, y el médico en particular aunque no exclusivamente, es el tener una práctica personalizada, de uno a uno, practicando la empatía. Este deber está especialmente asignado a quien esté a cargo de la institución de salud, quien debe ser el primero que facilite las instancias para que pueda practicarse la medicina de esta manera. El liderazgo en la práctica de la medicina humanística es irrevocablemente del que hace cabeza en la organización.

El humanismo, en el sentido amplio, significa valorar al ser humano y la condición humana. En este sentido, está relacionado con la generosidad, la compasión y la preocupación por la valoración de los atributos y las relaciones humanas.

Frecuentemente se confunden los términos humanismo y humanitarismo. Este último nace en Europa en el siglo XVIII, con el fin de mejorar las condiciones de vida de las personas más necesitadas, poniendo especial énfasis en el mundo laboral y penitenciario. Se debe entender al humanitarismo como una actividad o doctrina encaminada a proteger a los miembros más desvalidos de la sociedad, yendo para ello, si así hace falta, más allá de lo estrictamente debido. El humanismo, va más allá y debe englobar al humanitarismo en su fundamentación.

La práctica de la medicina humanista nos brinda el encuentro con la dimensión ética de nuestro trabajo. El humanismo y la bioética invitan a reflexionar sobre las realidades ontológicas, del ser, de la persona. La valoración de la dignidad de la persona obliga a analizar los principios de la bioética. Existe indudablemente un humanismo metafísico, que no es otra cosa que la antropología al servicio de la bioética.
Debemos y podemos hacer el esfuerzo de intentarlo. Existe una vertiente del enfermar no tangible, que necesita no sólo de ciencia, sino de otras disciplinas. Debemos responder con mucha frecuencia a las preguntas últimas del hombre, y esto nos obliga a tener pensadas muchas de ellas. El humanismo ayuda a acrecentar la capacidad crítica de análisis y a desarrollar el sentido del razonamiento lógico con respecto a la conducta humana. Nos acerca a los demás. El filósofo Fernando Savater nos dice: “nadie llega a convertirse en humano si está solo; nos hacemos humanos los unos a los otros”.

Puede parecer que esto hace que nos alejemos de la vertiente técnica de nuestro trabajo, pero decía Einstein que todo verdadero investigador es una especie de metafísico oculto, por muy positivista que se crea.

Por tanto la tecnología debe ser una compañera de camino del ejercicio médico pero no sustituir la esencia del ejercicio que una vez nos motivó a seguir esta carrera. Estoy segura que una de las principales motivaciones de estudiar medicina en todos los colegas es el servicio y ayudar al otro, en un momento especial de su vida como es la enfermedad, o a mantener su salud, un bien tan preciado para todos.

Defender este aspecto de la práctica también debe ser un compromiso de todos los actores de este ecosistema de la prestación sanitaria. De la comunidad, de los pacientes, de los que trabajan en las instituciones, y de los gestores de las mismas.

Facilitar la práctica de la asistencia humanitaria tiene que ser parte del compromiso de quienes gestionan. Desde la organización de la agenda médica, la promoción en la formación de las hoy conocidas como habilidades blandas, por ejemplo la comunicación, la formación en la ética, la promoción de evaluaciones de calidad integrando la calidad humana entre los aspectos a evaluar. Facilitar el entorno físico para un trato discreto, privado y respetuoso de la intimidad afectiva del paciente o de su familia. Liderar la empatía y la calidez.

Los pacientes y sus familias deben ser custodios especialmente de este aspecto, y ser protagonistas en su promoción, planteando las dificultades que se vean para este ejercicio con propósito de ayudar a la institución a mejorar.

Es necesario que esta modalidad de trabajo centrada en la persona como tal, y no solo como paciente, sea transversal la organización y a todos los actores de la misma. Desde la tarea administrativa hasta la de altísima complejidad médica, debe ejercerse la empatía, y la disposición a ayudar. La sonrisa y la disponibilidad amable y sistémica deben ser un sello en cada organización de salud.

Este tema debería ser de agenda pública y no restringida a las organizaciones sanitarias. La comunidad, los medios y la sociedad de la información, los actores y referentes sociales, son protagonistas.

Porque, como decía Hipócrates, dondequiera que el arte de la medicina es amado, también hay un amor a la humanidad.

*Por Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.

Esta columna fue el disparador para que la Dra. Hackembruch haya sido entrevistada por espectador.com; para escuchar la entrevista completa, hacer [click aquí].

También fue entrevistada por la Asociación Médica Argentina. Para escuchar la entrevista completa, hacer [click aquí].

 

La salud pública en las redes sociales

La salud pública en las redes sociales, por Cecilia Hackembruch.

Existen dos perspectivas para el estudio de la salud, que se interrelacionan entre sí pero que son de diferente abordaje y alcance. Estas son la salud individual y la salud pública o poblacional.

El estudio y análisis de la salud individual ocurre en los actos donde los protagonistas son el binomio médico paciente. El médico analiza la información disponible que tiene de su paciente y decide la conducta a tomar.

El caso de la salud poblacional, es abordada por la epidemiologia, la que establece entre sus cualidades – que por razones de extensión y alcance de esta columna no detallaré todas – la situación de salud de las personas en forma global, los riesgos a los que se exponen, las recomendaciones para prevenir o actuar sobre estos riesgos, aportando elementos al médico para llegar a un adecuado diagnóstico en el marco de la consulta individual.

El alcance que tiene la epidemiología y su impacto sobre el análisis de la salud de la población debe implicar a toda la comunidad, teniendo en cuenta el interés común de la información que esta provee.

A modo de ejemplo, cuando hay una epidemia (aumento de frecuencia de casos esperables) de enfermedad infecciosa (originada por un agente infeccioso, que llega a la persona por determinadas vías de transmisión sobre las que eventualmente se puede actuar), es recomendable que la información sobre la prevención de la misma llegue a todos los rincones de la sociedad.

Lo mismo ocurre para el caso de enfermedades frecuentes que determinan fallecimientos o afectación de calidad de vida en las personas aunque no sean enfermedades transmisibles. En nuestro país, las enfermedades no transmisibles son las más frecuentes y la primera causa de enfermedad y muerte de la población, entre ellas encontramos las cardiovasculares, las respiratorias crónicas, los accidentes y las oncológicas. En todos los casos hay factores de riesgo (elementos que aumentan la probabilidad de padecer una enfermedad) que al ser conocidos pueden prevenir la ocurrencia de las mismas.  Así como las enfermedades infecciosas o transmisibles pueden ser prevenibles controlando su agente patógeno, o su vector (el “vehículo” que encuentra el agente para llegar a la persona y enfermarla) o realizando una inmunización a través de las vacunas. Para el caso de las enfermedades no transmisibles la forma de evitarlas o prevenirlas es a través del control de sus factores de riesgo, por tanto, la mejor manera de que esto ocurra es conocerlos a cabalidad, sabiendo actuar sobre ellos.

Una dimensión no menor en estas situaciones es identificar para la población general la magnitud y gravedad de un problema.

Esto, también resultado de los análisis epidemiológicos, se logra conociendo elementos como la morbilidad (cantidad de enfermos como resultado del agente en el caso de la infección o cantidad de casos presentes en el caso de las enfermedades no transmisibles), la mortalidad ( el mismo caso anterior pero tomando en cuenta los fallecimientos), ambas cualidades siempre referidas a la población que está expuesta a la enfermedad que se analice. A modo de ejemplo, para los recientes casos de infección por Vibrio vulnificus, debe analizarse el problema relacionando las personas enfermas con la cantidad de expuestos a esta bacteria, que fueron los que se bañaron en el mar.

Otro elemento importante es, ante la exposición, cuantas personas enferman y cuantas mueren. Esto también dimensiona la entidad de la enfermedad y por tanto la preocupación que debemos tener frente a elementos que sugieran la misma.

Un ejemplo de enfermedad no transmisible y de alta morbilidad y mortalidad son los accidentes de tránsito. En Uruguay en 2017 la tasa de mortalidad por accidentes fue de 13.5/100000 habitantes y los lesionados fueron 27600 personas, 13% de ellos lesionados graves. Conociendo cifras de otros países, por ejemplo España, que tiene mortalidad por accidentes de tránsito de 2.5/100000 hab., podemos identificar aúnmás la dimensión del problema que es para nuestro país la situación de los accidentes de tránsito.

Las otras enfermedades no transmisibles comparten factores de riesgo, algunos de ellos altamente prevenibles a través de conductas saludables.

Para las dos categorías de enfermedades la población debe contar con información que puede ayudarlos a anticipar la enfermedad (prevención primaria), prevenir el agravamiento a través de diagnóstico oportuno (prevención secundaria).

En los últimos años estamos asistiendo a una gran revolución de intercambio de información a través de internet, redes sociales, etc. En Uruguay el acceso a internet es casi universal, por consiguiente, la accesibilidad a la información y las redes sociales es masiva.

Los organismos encargados de la información que estaba mencionando antes tienen canales en todas las redes, además de sus propias páginas de internet, donde alertan sobre situaciones emergentes, e instruyen para esa prevención primaria y secundaria. Las medidas para prevención de Dengue a través de la eliminación del vector (Aedes Aegypti), las primeras medidas de intervención ante un caso de mordedura de ofidio, o la promoción de la vacunación contra la gripe o la fiebre amarilla en caso de viajeros, son ejemplos de información ampliamente difundidos por los canales propios y los medios de información masiva.

Ahora bien, ¿cuánto de esa información es replicada por el resto de los ciudadanos, tal como sucede por ejemplo con otras situaciones que se publican más a menudo? Y me refiero al ciudadano común y el canal de las redes sociales.

Es frecuente ver que en las redes sociales se replica información sobre alertas climáticas, variaciones en vías de tránsito, además de las noticias diversas que tenemos a diario. Algunas son compartidas con propósito de información para prevención y otras para compartir el análisis de pensamientos sobre la noticia de que se trate.

No es nada frecuente que esto suceda en los casos de la salud pública y es una preocupación que parece oportuno transmitir. Aun existiendo canales de información precisos, comunicaciones para la prevención, estas no son entendidas como información necesaria de compartir.

La información es la “vacuna” más acertada para infinidad de cosas, la salud pública incluida. Por lo dicho, es pertinente insistir en la responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos de cuidarnos unos a otros, y esto será posible en la medida de que cada uno de nosotros sea una caja de resonancia de las comunicaciones que los encargados de velar por nuestra salud realizan.

Por tanto, sumemos a toda la información y análisis que publicamos diariamente en las redes con gran reacción y velocidad, las recomendaciones que presentan los canales del MSP, de la UNASEV, de la OPS, entre otros. Recomiendo seguir esas cuentas y compartir lo que se informe por el bien de todos.

La salud de todos es cosa de todos. Comuniquemos, informemos, comprometámonos en mejorar las posibilidades de salud de todos los uruguayos. 

Comparto el link que se refiere a las recomendaciones del MSP para esta semana, especialmente sobre las situaciones excepcionales que pueden darse teniendo en cuenta el clima y las costumbres de salida de los uruguayos en estos días http://www.msp.gub.uy/comunicado/recomendaciones-del-ministerio-de-salud-pública-para-la-semana-de-carnaval

 

 

*Por Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.

 

 

PARA ESCUCHAR UNA ENTREVISTA A LA DRA. HACKEMBRUCH, HACER CLICK AQUÍ.

 

Actividad de cierre de año de ISALUD Uruguay

Cierre de actividades 2017: Escuela de Gestión ISALUD Uruguay

El 14 de diciembre se realizó el cierre de actividades académicas de ISALUD URUGUAY, teniendo como expositor principal al doctor Gustavo Grecco, Presidente del Sindicato Médico del Uruguay, quien presentó las particularidades que hoy tiene el trabajo médico en nuestro país y los desafíos a los que se enfrenta.

Como punto de partida, se reconoce una sobre oferta en el mercado de trabajo y multiempleo, encontrándose en los últimos años ante un balance emigración/inmigración médica como nuevos fenómenos. Uruguay ocupa 7º lugar en el mundo en densidad de médicos.

El 86% de los médicos tienen entre 2 y 5 empleos, distribuidos en todas las especialidades, 54% tienen 2 o 3 empleos, 40% más de 50 horas por semana.

Al multiempleo se agrega el problema de la equidad salarial, entre prestadores públicos y privados, y privados entre sí, lo que desestimula la posibilidad de elección por parte de los médicos de tener un sólo empleo, contrariamente a los propios deseos personales, ya que de acuerdo a encuestas realizadas, más de un 50% de los médicos jóvenes, y de 70% en mayores de 55 años desearían tener un solo trabajo.

Otros problemas del trabajo médico actual son la judicialización de la medicina, y la práctica de la medicina defensiva consiguiente.

Las condiciones laborales descriptas se constituyen como factores de riesgo para padecer burnout, y otras patologías, destacándose que los médicos tienen un promedio de vida menor que la población general.

Relacionado con lo anterior, se ve afectada especialmente la calidad de vida, observándose en este colectivo una alta prevalencia de médicos con vida familiar desestructurada, y la presencia de adicciones, a modo de ejemplo.

Se entiende entonces muy necesario avanzar en la Reforma del Trabajo Médico, planteándose en los siguientes puntos principales: Concentración laboral (40 – 48 hs semanales), polifuncionalidad, lo que permite la continuidad de la atención médica y mejora la relación médico paciente.

Se propone también fortalecer el desarrollo profesional continuo, y la extensión de los cargos de alta dedicación como herramientas que permiten mejorar la gestión institucional, con una concepción organizativa centrada en el paciente. De acuerdo a los problemas detectados, propender a través de la negociación colectiva hacia la equidad salarial como un objetivo trascendente.

Concluyendo la exposición, presenta como pilar fundamental para el avance de la reforma del SNIS, y el cambio en el modelo de atención, el logro de estos desafíos vinculados a los detalles del trabajo médico que permitirán mejorar la calidad de atención, la seguridad del paciente, la gestión institucional, y la transformación de la práctica médica.

Agradecemos especialmente al doctor Grecco su disposición para acompañarnos y enaltecer la actividad de cierre de un año de mucho trabajo.

Estuvieron presentes en la actividad autoridades sanitarias y de instituciones de salud, así como alumnos de ISALUD que han realizado cursos en los dos años de presencia de nuestra casa de estudios en Uruguay.

ISALUD URUGUAY renueva el compromiso de trabajar a favor de la salud de la población a través de las actividades que realiza, abriéndose a todos los protagonistas del sistema sanitario y de la atención de los pacientes. Abogamos por una salud de calidad, oportuna, y eficiente, y damos herramientas para eso.

Asimismo, hacemos especial énfasis en la atención humanizada, con calidez y centrada en la persona y su familia, que requiere de los servicios de salud. Seguiremos, tal como hicimos en el año que cerramos, apoyando a grupos de pacientes para facilitarles la información sobre los problemas que padecen, las alternativas con las que cuenta el país, y formarlos específicamente en áreas que requieran.

Seguiremos promoviendo el concepto de que todos somos agentes de salud, y en particular los que tienen en sus manos la decisión sobre algunos de los aspectos del sistema. Por eso, la diversidad de especialidades de nuestro cuerpo docente, que excede ampliamente a lo estrictamente sanitario, disciplinas humanísticas, y la voluntad de formar a legisladores, periodistas, abogados, quienes todos los días toman decisiones que impactan en el sistema, y en la persona, o generan opinión sobre las mismas.

La transversalidad de disciplinas en la gestión, la ética y la humanización, así como la mayor amplitud posible de destinatarios, son nuestros ejes de trabajo.

Agradecemos a todos los docentes que nos han apoyado en estos objetivos durante este año, a los alumnos que confiaron en nuestras actividades, y a todas las instituciones que nos acompañaron y fortalecieron.

Los invitamos a seguir trabajando juntos, para mejorar la calidad de vida de los uruguayos, en su salud, a través de nuestras actividades.

 

 

Humanización de la asistencia, mirar con “sus” ojos

Humanización de la asistencia, mirar con “sus” ojos

Años atrás se emitía la miniserie Band of brothers. Enmarcado en la segunda guerra mundial, en el campo de batalla, la historia era basada en las experiencias de un grupo de combatientes en una trinchera. La peculiaridad que tenía esta miniserie es que en sus episodios se presentaban las mismas escenas, pero el foco estaba en diferentes protagonistas, reflejando la mirada de la misma situación de diferentes perspectivas, según la responsabilidad que tuviera que tomar cada uno, la acción o los incidentes que se presentaban. Veíamos entonces a los jefes, soldados, médicos del campo, heridos, amigos de los heridos, y a su posicionamiento emocional frente a cada situación.

En todas las situaciones que involucran grupos humanos, se podría hacer un ejercicio similar, y si se trata de salud, o ausencia de ella, la complejidad de emociones y diversidad de actores permitiría hacer un análisis casi interminable de miradas.

La lista de protagonistas es extensa, y frecuentemente escapa al escenario principal. Propongo entonces hacer el ejercicio de cambiar de perspectiva.

Podemos confundir este cambio de mirada con empatía. No necesariamente es lo mismo. La empatía implica compasión y posicionarse en las emociones del otro. Les propongo ir un poco más lejos de eso.

Un ejemplo concreto que propongo, es resultado de la experiencia de compartir actividades con asociaciones de pacientes de uno de los tipos de cáncer más frecuente en nuestro país y en el mundo, el cáncer de mama. La sola noticia de esta enfermedad llena de miedos a quien la recibe y a su entorno, para lo que el equipo de salud y la familia debe estar preparado a enfrentar.

En Uruguay se diagnostican 1800 personas con cáncer de mama, siendo el 99% de ellos en mujeres.

En primer lugar, es necesario promover un diálogo abierto sobre esta enfermedad. Habitualmente, cuando a una persona se le diagnostica cáncer se percibe una situación negativa, de calidad de vida limitada. Es necesario que se sepa que en nuestro país el cáncer se cura en un altísimo porcentaje de los casos, que contamos con la tecnología (profesionales, medicamentos y dispositivos) especializados para su tratamiento de primer nivel en calidad. Esto es muy importante porque el cáncer y otras enfermedades no transmisibles y crónicas son las que vamos a ver cada vez más frecuentemente.

Parte de poner en conocimiento a las personas que están en esta situación sobre los recursos para su tratamiento, es la información sobre el acceso a los mismos. Nuestro país ha disminuido sensiblemente las barreras de acceso a los tratamientos necesarios, a través de la financiación de medicamentos oncológicos por parte del FNR. Por tanto, la comunicación positiva enfrentados a un problema ya complejo, es trascendente.

El diálogo para concientizar sobre la enfermedad del cáncer y sus características tiene que exceder muchísimo a lo que concierne a las especialidades que lo atienden directamente.

Estamos acostumbrados que el abordaje de los especialistas sea segmentado, esto es un problema sistémico, del ejercicio de la atención médica, cuyo modelo la reforma sanitaria propone modificar, y es un camino todavía en curso.

La atención del paciente por especialidades y que no se vea holísticamente, con abordaje de APS, está siendo fuertemente promovido en estos días en un encuentro de líderes de salud y altos jerarcas mundiales, a los 40 años de la declaración de Alma Ata, actividad de la que participa también nuestro país.

El cambio de modelo de atención debe ser compartido por la academia, los prestadores de salud, y todos los actores que sean referentes sociales, y urge en primer lugar a los pacientes.

Otra de las realidades cotidianas de las personas que tienen cáncer es el estigma laboral y de exclusión social que sufren. Hay testimonios de personas en tratamiento por cáncer de mama a quienes alentaban a jubilarse, o que fueron despedidas, por tener esa “condición”. ¿Será que no está suficientemente difundido que esta enfermedad por los índices de curación que tienen se trata de una condición transitoria, tanto como una enfermedad coronaria o respiratoria crónica, eventualmente más invasiva o invalidante, pero que no genera estas reacciones?

No es aceptable privar a estas personas del derecho de explotar todas sus capacidades para cada etapa de su vida. Es posible circunstancialmente que tenga restricciones durante un tiempo, según el curso y tratamiento que tenga que seguir, pero seguramente vivirá una vida normal superado el mismo.

La OMS define a la salud como el estado de completo bienestar y no solo ausencia de enfermedad.  Aunque no exista ausencia de enfermedad se puede estar más cerca del estado de bienestar si modificamos la actitud frente a la misma, por parte de todos los actores, por el bien del paciente y de su entorno cercano.

Las personas con cáncer de mama son madres, hijas, abuelas, hermanas, tías. Necesitan saber noticias positivas. Que el cáncer de mama tiene un gran porcentaje de curación. Que pueden hacer una vida normal pronto. Que podrá seguir trabajando en lo que le gusta. Que seguirá disfrutando de las pequeñas cosas que ofrece cada día, de un paseo, de una charla con amigos, del amor de los que los rodean.

Necesitan saber que, aunque tengan una enfermedad que transitoriamente se ponga difícil, es solo un tramo de tiempo, que todo pasa, y volverá todo a la normalidad pronto, con los cuidados correspondientes.

Cuestión de perspectiva.

La humanización de la asistencia, promueve estrategias que generen instancias de empatía, escucha, compromiso y amparo emocional. Esto es tan importante como el acceso al medicamento que necesita para su enfermedad. La percepción que tienen muchos pacientes en cada consulta es que se quedan con preguntas en el tintero, que no son escuchados, o completamente informados.

La contención emocional puede ser directamente de un profesional o resultado de una charla con la familia, para que potencien la resiliencia de quienes están pasando por esta situación que de todas formas es difícil.

Estrategias específicas en este abordaje de la asistencia sin dudas pueden ayudar a una adecuada y mejor recuperación emocional, y también física.

Necesitamos entonces cambiar la perspectiva los primeros, quienes estamos a cargo de la atención de la salud. El liderazgo institucional, que promueva y facilite herramientas de capacitación en comunicación a los equipos, espacios físicos que faciliten la escucha del paciente y su familia, formación de toda la organización (no solo el que presta asistencia) en cada uno de los procesos para que puedan apoyar y asesorar en ese camino, hace a la diferencia.

Mirar con los ojos del otro, es el desafío.

 

*Por Cecilia Hackembruch, directora de ISALUD Uruguay. Columna de opinión publicada en El Telescopio.

Educar para transformar en salud

Educar para transformar en salud

Por Cecilia Hackembruch, directora de ISALUD Uruguay.

 

Transformar los sistemas sanitarios es tarea de toda la población, aunque desde diferentes perspectivas. Esta transformación es posible solo con formación para ésta.

Tradicionalmente se ha entendido que quienes tienen que capacitarse en gestión u otras disciplinas, son los que “están a cargo”, y tal como átomos, cada uno en lo suyo. Aun en una época en la que ya se evoluciono de la teoría sistémica de la administración a una aun más compleja, esta atomización permanece.

Los actores del sistema sanitario somos todos. Entonces, todos tenemos que tener algún grado de información o formación específica para cumplir adecuadamente nuestro rol.

Sistemáticamente sostengo que hay  que “desmedicalizar” conceptualmente la salud, como primer paso.

Políticos sanitarios, prestadores (instituciones y médicos), pacientes y comunidad requieren poder interactuar derribando barreras de información, eso que aprendíamos como  “relación de agencia imperfecta”. Estamos en un momento histórico diferente a su descripción original, porque esto sucedía por escasez de información hace algo más de 15 años, y hoy esa misma barrera está presente, por exceso de información, pero sin las herramientas adecuadas para interpretarlas.

Esto, si no se actúa adecuadamente, puede aún agravarse,  porque no solo no se llega a entender, sino que se pierde la confianza de las personas sobre su sistema sanitario, su prestador institucional, o su médico, con las consecuencias nefastas que esto determina.

Nuestro país está teniendo en este sentido, avances muy importantes, constituyéndose en primer lugar el rol activo de la comunidad como elemento de la reforma sanitaria, y no solo como sujeto de su atención. La obligación de difusión de la cartilla de los derechos y deberes de los pacientes, la formación de miles de funcionarios de la salud en las características de los sistemas sanitarios, son otros ejemplos.

Hay más por hacer, sin dudas, y para esto quienes estamos en instituciones académicas dedicadas a estas áreas, debemos tomar una posición de liderazgo en esta sistematización de conocimientos, muy distinta a lo tradicional.

Formación en sistemas de salud, y de gestión de instituciones de salud

Soy una militante activa en promover que todos los involucrados en la gestión  sanitaria tengan algún grado de formación en la misma. No me refiero con esto solamente a quienes toman las decisiones finales, que naturalmente deben tener formación específica, sino que a  todos: equipo asistencial y pacientes, comunidad, y con mención particular quienes tienen que tomar decisiones y están fuera del ámbito sanitario especifico, legisladores, abogados. También, por la calidad de información brindada, los periodistas.

La capacitación tendría  diferentes focos, de acuerdo a los elementos tradicionales que hasta ahora se abordan en las profesiones de origen, y las necesidades de información para cada una de las funciones, son otras variables a considerar.

 Los “decisores”

La gestión sanitaria ha tenido una gran evolución  en los últimos años, acompañando la de la medicina, con el consecuente incremento de costos, las reformas de los sistemas, las nuevas herramientas para tomar decisiones , y podía seguir una larga lista de habilidades técnicas que son necesarias actualizar para poder hacer sostenible sistemas y prestadores, y gestionarlos adecuadamente.

Todos estos puntos pueden considerarse fáciles de adquirir, porque teóricamente no habría  más que estudiar y buscar esas técnicas disponibles en esta nueva sociedad de la información.

Pero hay otro tipo de formación  cuyos efectos se adquieren y visualizan con mayor lentitud, pero son más transformadores. Enrique Baliño[1] usa la analogía para la formación de los lideres para transformar su entorno de la letra “L”, la línea vertical, representa las técnicas específicas, y la horizontal, en mi opinión es más difícil de adquirir, las habilidades de liderazgo, comunicación, empatía, que en definitiva son las que en verdad cambian la vida de las personas que trabajan en esas instituciones y el resultado de su trabajo.

Es una obligación ética de los que dirigen instituciones pensar en el bienestar de las personas que trabajan con ellos. Y lo que transforma es el levantarse contento para ir a trabajar. Por esto no puede excluirse de la formación gerencial.

El equipo asistencial

Este año cumplo 20 años como directora de alguna institución de salud. Públicas, privadas, y dentro de estas últimas, multinacionales. De mediano y gran porte. Cuando empecé, mis colegas me preguntaban porque no había hecho Ciencias Económicas si estaba haciendo el posgrado de economía de la salud (el primero que hice). La gestión se veía lejana a la asistencia. Todavía se escucha algún comentario que desde atrás del escritorio se ven las cosas diferentes. Ese camino es un desafío mutuo a recorrer.

La evolución ha sido muy significativa y por esto que todos tengan conocimientos de las herramientas utilizadas para tomar decisiones, y que el director constituya equipos multidisciplinarios para tomarlas, es altamente necesario. Combatir la asimetría de información entre quienes toman las decisiones y los equipos es de una importancia superlativa.

Protagonistas especiales

La necesidad de formación en estos ámbitos, se amplía por ejemplo a abogados, asesores, comunicadores, legisladores,  quienes tienen un impacto trascendente en las políticas sanitarias, en la formación de opinión de las personas sobre sus problemas de salud y sobre la confianza del sistema sanitario.

El paciente (la persona)

Los pacientes no deben estar excluidos de esta estrategia. Proveer activamente de formación especifica en sistemas, gestión, derechos, a los pacientes, es un rol atribuible también a quienes formamos en estas áreas, porque allí donde se capacitan los gestores pueden también hacerlo los pacientes, o asociaciones de pacientes, tal como está comenzando a pasar en algunos países de Europa. Así pueden hacer un ejercicio adecuado del principio de autonomía, con información no solo clínica, sino de los motores y los procesos de las tomas de decisiones. Para acompañarlas, entenderlas y eventualmente poder intervenir en ellas.

Arriesgarse a ser la primera en la pista

Tomo esta figura de la conferencia en Megaendeavor de Pipe Stein[2], entre otras cosas porque en forma literal me comporto como lo que conto de la mamá de él.

Hace unos meses además de trabajar en una institución de atención medica como gerente, dirijo la sede uruguaya de la Universidad ISALUD, aun en nuestro país no es universidad.

He procurado traer estas ideas a esa gestión, consiente de ser muy disruptiva.

Algunos ejemplos.

El primer módulo del curso de competencias gerenciales fue dictado por un antropólogo social. Y el tema fue transformarse para transformar. Los asistentes, casi todos médicos, no lo esperaban. Iniciar un camino de cambios, requiere transformarse.

En unos días comienza el curso de Economía Política y Gestión de sistemas de salud. El alcance de este curso incluye periodistas, legisladores, clínicos. Que los grupos en formación sean reflejo de lo que realmente pasa, es excelente para el que se forma, y para el sistema.

Por razones de agenda hubo una coincidencia que refleja esta estrategia: el mismo día suscribimos un convenio de colaboración mutua con XN y con GEPAC (grupo español de pacientes con cáncer).

El primero nos va a ayudar a ayudar a ejecutivos y gestores a adquirir habilidades para liderar las transformaciones.

El segundo, dio inicio a un plan de formación de pacientes que ya comenzamos, con la presencia de su presidenta y del doctor Julio Zarco, quien lidero el Plan de Humanización de pacientes de la Comunidad de Madrid.

Siempre pensé que era un poco irracional hablar de humanización de la asistencia, porque la asistencia es a humanos y hecha por humanos. Seguramente la calidad debió tener ese mismo efecto conceptual al principio ( lo cualitativo se puede medir? Se puede instrumentar?) .

Mi opinión cambió cuando conocí este programa ya implementado en 4 comunidades de España. La humanización sanitaria es una línea estratégica con acciones concretas e institucionalizadas en esas comunidades. Y el efecto, asombroso.

Estos caminos deben ser recorridos por quienes formamos en estas áreas.

Ser disruptivos en la formación, es los que nos permitirá en definitiva transformar, en este caso, la salud de todos.

 

 

[1] CEO de XN partners

[2] https://t.co/xVbZg81cxW

 

Para ver el artículo publicado en El Telescopio, hacer click aquí.

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Una red…pero de adultos responsables

El episodio de Felipe en Maldonado, de la niña embarazada en Rocha, los casos de los adolescentes que juegan a la Ballena Azul, los más de 2500 casos de maltrato infantil que se reportaron en 2016 y las decenas de muertes de adolescentes por suicidio, o accidentes con un mecanismo poco claro, son parte de una red de problemas con nuestros niños y jóvenes que tenemos que tomar en cuenta como sociedad, que no deberíamos atomizar ni en su abordaje, ni en sus causas.

No podemos colocar estos temas en compartimientos estancos, ni atribuirlos a responsabilidades específicas. Es tiempo de tomar conciencia de la responsabilidad que tiene toda la comunidad sobre algunos problemas que suponemos sólo estarían a cargo de instituciones formales.

Estas situaciones que se están visualizando en nuestra sociedad, que por una parte en las opiniones de expertos apuntan a padres, a maestros o al área de salud mental, necesitan un abordaje integrador que se ha visto poco en estos días. Es necesario tener en cuenta la integralidad de la persona, su ser único e indivisible y los múltiples puntos de vulnerabilidades y fortalezas que pueden presentar ante la eventual aparición de un desencadenante o promoción de una conducta de riesgo.

La observación de estos abordajes ha traído a mi memoria lo que ya en 1978 describe la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que define como Atención Primaria en Salud.

En setiembre de ese año emiten una declaración en Alma Ata que ha hecho historia en lo que a las políticas sanitarias se refieren. Por un lado reconocen la existencia de desigualdades en los sistemas sanitarios de los diferentes países y por otro, declaran como instrumento privilegiado para la atención de la salud en cada uno de los países del mundo lo que conceptualizan como Atención Primaria en Salud (APS). Identifican a esa forma de trabajo como clave en el propósito de la OMS del objetivo Salud para todos en el año 2000, y la definen como:

La atención sanitaria esencial basada en la práctica, evidencia científica, metodología, y en la tecnología, socialmente aceptables, accesibles universalmente a los individuos y a las familias, en la comunidad a través de su completa participación, sostenible económicamente. Forma parte y es el eje de los sistemas sanitarios, así como del desarrollo económico y social.

Por tanto, la APS

  • Se desarrolla a partir de realidades políticas y sociales de las comunidades
  • Se basa en la investigación de las necesidades de salud de la población
  • Proporciona servicios preventivos, curativos y de rehabilitación
  • Se identifica por la multisectorialidad y transversalidad
  • Requiere y promociona un desarrollo comunitario, al máximo posible

Por tanto, ver los problemas de salud en red y en contexto absolutamente transversal, en cada punto de intersección de las personas con su ambiente, es necesidad imperiosa para poder empezar a resolver los problemas que se nos están presentando cada vez con mayor frecuencia, complejidad y gravedad.

Los elementos que hace más vulnerables o protege a los adolescentes a estas situaciones, son comunes, ilustrados en la tabla. Todos los que estamos en contacto con ellos debemos estar atentos a su presencia.

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Estamos transitando una forma de vida cada vez más individualista, la que muchas veces es validada por nuevos medios de comunicación que parecen suficientes para sustituir los encuentros personales a propósito de la falta de tiempo, cansancio y otras razones seguramente muy valederas para el que las vive.

Es hora de reaccionar frente a los que seguramente sean los primeros de muchos problemas que estaremos atendiendo referidos a las mismas causas.

En tres años se denunciaron casi 1000 casos más de maltrato infantil. Seguramente haya una mayor sensibilidad y atención para la denuncia ante dichas circunstancias, por lo que la gravedad del problema que existe no implica necesariamente que haya aumentado en esa frecuencia. Pero la magnitud de este problema no lo podemos medir solo en cifras, sino en impacto en la persona, en su contexto y en el contexto futuro de esos niños, cuyo número – no me cabe duda – supera ampliamente los denunciados.

En 2016 más de 100 niñas entre 10 y 14 años fueron madres como consecuencia de explotación sexual o de abuso. Cuántas niñas más sufren de estas situaciones sin que tengamos conocimiento quizás por el hecho de que no fueron madres.

La lista podría seguir. Todos los días nos enteramos de nuevas cifras de “jugadores” del nuevo desafío suicida que se ofrece por la red social más grande. Cuando se bloquee o se identifiquen los promotores del mismo, podemos tener la certeza de que habrá nuevos juegos de este estilo a la caza de niños y adolescentes vulnerables. Si se me permite la dureza del comentario, este caso ha tenido más visibilidad por algunos componentes como las lesiones que se autoinflingen los chicos, porque de la incitación a la violencia incluyendo al suicidio, estaba presente hace tiempo a través de la explotación y de distintas formas de maltratos “en red” como el bullying por ejemplo.

Les propongo generar una red con una malla más cerrada, que sostenga las caídas de los que se afectan por cuestiones como las referidas precedentemente, generando un compromiso comunitario, transversal en disciplinas y no individual.

En épocas en las que el trabajo en equipo en empresas esta tan promocionado y con justicia, generemos un equipo ganador para combatir el daño que están sufriendo tantos, muchas veces tan cercanos a nosotros.

De eso trataba, justamente, lo que promovía aquella visionaria declaración del 1978 de la Organización Mundial de la Salud. En las actuales circunstancias, no cabe duda, es ese el camino.

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Mortalidad infantil en Uruguay: lo que los numeros no muestran

Por Cecilia Hackembruch – eltelescopio.com.uy

La primera vez que, en mi profesión, tuve contacto con la muerte de un niño, fue durante mi primera rotación del internado, en el hospital de Maldonado. Llego una señora humilde, con su beba de unos 10 meses arropada, “porque no la podía despertar” después que le había dado de comer una galleta. Los pediatras inmediatamente intentaron reanimarla, por casi una hora, aunque ya era tarde. No olvido el llanto de esos pediatras veteranos. Fue de mis primeros grandes aprendizajes del ejercicio de la medicina. No te acostumbras nunca a la muerte de un niño.

Días atrás se presentaron en el MSP las nuevas cifras de mortalidad infantil (MI), además de otros indicadores de salud materno infantil, prioridad asistencial histórica de nuestro sistema sanitario.

La MI se calcula con el cociente de la cantidad de niños fallecidos menores de un año en un periodo de tiempo dividido la cantidad de niños nacidos en ese año, cociente que se multiplica por 1000.

Hay dos subgrupos que se miden sistemáticamente, porque reflejan una orientación para las políticas a desarrollar. La mortalidad neonatal, que es la más difícil de disminuir, llamada también mortalidad “dura”, y la post neonatal, la que se disminuye con políticas sociales, estrategias de prevención y promoción de salud, así como la aplicación de tecnología.

En Uruguay, la MI desciende en forma permanente en los últimos 50 años, con algunos ascensos puntuales relacionados con brotes epidémicos.

La mortalidad infantil ha sido un desvelo permanente para todos los pediatras, y para quienes han estado a cargo de las políticas públicas sanitarias y sociales, desde muchos años atrás.

En efecto, en 1974 el Dr. Ramón Guerra proponía el Programa Aduana, compuesto por una intensiva actividad de APS en los niños recién nacidos hasta el primer año, y la creación de las unidades de CTI pediátricas. Este programa fue implementado progresivamente, recibiendo un empuje importante de acuerdo al documento que adjunto, entre los años 1995/2000 donde se le incorporaron otros componentes, protocolos, se amplió la cobertura, acompañándolo además de una asignación presupuestal más importante.  http://docplayer.es/14843599-Implementacion-nacional-de-programa-aduana-asse-programa-aduana.html .

El programa continuo su desarrollo, integrando la actividad hospitalaria al primer nivel de atención, con sistemas de referencia y contrarreferencia.

Este modelo de intervención sanitaria se vio ampliado posteriormente con la creación de Uruguay Crece Contigo, comenzando con un plan territorial previo y constituido como nacional en 2012, incluyendo la cobertura a los niños menores de 4 años, y desarrollando fuertemente la educación y promoción para la salud, la lactancia materna, estrategias de soporte nutricional adecuado para un buen crecimiento y desarrollo en la etapa en la que “se juega todo” en la vida de las personas. La transversalidad en este programa vinculando otros ministerios y gobiernos departamentales, caracterizo a las estrategias desarrolladas[1].

Podemos nombrar también el plan de vacunación obligatorio, como otra intervención sanitaria coadyuvante en la prevención activa de enfermedades, algunas de ellas, potencialmente mortales.

De todas formas, podía encontrarse una diferencia en las causas de muerte según el prestador en el que se asistía, vinculado al segmento social del que provenían los niños, entre otros determinantes, que generaba mayor desvelo en los involucrados en la salud de la niñez.

Los jueves en el  Pereira

Entre 2001 y 2007 fui directora adjunta en el Pereira, y desde mi ingreso a esa función me delegaron integrar el comité de auditoría de historias de niños fallecidos en el hospital. Estaba integrado por referentes académicos de más alta formación de la pediatría y pediatría intensiva, así como anatomía patológica. Los jueves, durante largas reuniones, estudiábamos con el máximo grado de detalle cada historia. Las variables eran, diagnóstico, contexto social, situación nutricional, la alfabetización de la madre, el análisis de toda la evolución del niño en cada servicio del hospital, hasta la autopsia. Y con todo a la vista, cerrábamos el análisis haciéndonos dos preguntas, si el fallecimiento era prevenible, y si era evitable (si hubiera podido evitarse por medidas de salud pública).[2] El momento más crítico y discutido de la jornada era cuando tocaba catalogar la historia con esas dos variables. Si el proceso asistencial fue el correcto, si la atención se hizo esperar, si tenía los controles adecuados, si hubo negligencia. Luego de las conclusiones, en algunos casos, nos reuníamos algunos con los padres, especialmente si podía haber algún agente familiar coadyuvante, con el objetivo de prevenir, y también de informarles de lo sucedido.

Luego de casi 10 años de trabajo[3] , surgen las primeras recomendaciones para el desarrollo de intervenciones que pudieran disminuir las muertes evitables. Estas incluían  desde educación y puericultura hasta estrategias de intervención asistencial especifica.

En el periodo de mayor prevalencia de enfermedades respiratorias, para minimizar riesgos de infecciones coadyuvantes, se desarrollaba el plan invierno, y se implementaron salas en cuidados moderados para ventilación no invasiva evitando ingresos al CTI. Estas infecciones eran la primera causa de muerte en el hospital.

Se recomendó reforzar políticas que permitieran profundizar abordajes de niños en situaciones de alto riesgo, y promover la institucionalización del programa MIL, que estudiaba a través de autopsia los casos de muerte inesperada del lactante, para seguir dando elementos para evitar estos desenlaces. En 2009 se promulgo la ley que formalizo este programa. Y desde más o menos el mismo tiempo la experiencia del modelo de auditoria del Pereira se expandió para todo el territorio nacional.

En las publicaciones a pie de esta publicación se detallan más ampliamente el resultado de estos trabajos.

La mortalidad evitable en el Pereira paso de ser mayor al 40% al inicio de estos estudios, al 16% en 2010[4], y siguió en franco descenso.

Que pasó en 2016?

La MI en 2016 fue de 7.99, habiendo sido un poco menor, 7.22, en el 2015. En números absolutos, esta tasa fue modificada porque hubo en 2016, 9 niños fallecidos más que en  2015.

Japón ostenta la MI más baja, siendo de 2, los países con mayor desarrollo, 5, el resto de Sudamérica, 19 y el mundo, 36.

En 2015 el 64% de los niños fallecieron por causas perinatales, y por malformaciones congénitas.

Esta cifra fue de 78% en el 2016.

Esto significa, que casi el 80% de los fallecimientos en 2016 fueron causados por las patologías más difíciles de combatir, y eran difícilmente evitables. Dicho de otra forma, las muertes evitables bajaron drásticamente en 2016, si lo comparamos con 2015.

La desigualdad en el case-mix de la MI, 5.4/mil  en el periodo post neonatal en 2007 al 2.6 en 2016, implica un enorme progreso en las fases más exigentes de la MI.

Hoy el desafío es el tratamiento y detección de las causas “duras” de mortalidad, las malformaciones y las asociadas al periodo del nacimiento.

Queda seguir por este camino y profundizarlo,  procurar detección precoz de las malformaciones congénitas, prevención de prematurez, instrumentar tecnologías para los tratamientos de las repercusiones de las enfermedades.

Los números son objetivos, pero a pesar de la caída sostenida de esta tasa en los últimos años, lamento haber leído en titulares solo que “aumentó la MI 2016/2015”.

Cada niño que muere duele a la familia, en forma irreparable, pero a los protagonistas de los equipos involucrados en su asistencia y cuidado, también. Y la búsqueda de razones, para encontrar nuevas soluciones, es continua.

Todavía recuerdo la pasión que se vivía en esas reuniones de los jueves, aun a 10 años de haberme ido del Pereira.

También puedo volver a percibir el dolor fuerte del alma, al final de la jornada, cuando encontrábamos que se podía haber hecho algo más, en algún punto de la historia del niño que estudiábamos.

Esas cosas, son las que los números no muestran, y entendí de justicia compartir con ustedes.

[1] http://www.mides.gub.uy/innovaportal/v/41937/3/innova.front/uruguay-crece-contigo-ucc
[2] http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1688-12492003000300011
[3] http://www.scielo.edu.uy/pdf/rmu/v23n3/v23n3a03.pdf
[4] http://www.scielo.edu.uy/pdf/adp/v83n2/v83n2a08.pdf